La neuróloga Suzanne O’Sullivan examina críticamente la creciente tendencia de la medicina
contemporánea a convertir cada vez más aspectos de la experiencia humana en diagnósticos clínicos. A
través de numerosos casos y de una sólida reflexión médica, muestra cómo la proliferación de etiquetas
diagnósticas puede modificar la manera en que las personas comprenden su salud, su identidad y su
bienestar.
Con un enfoque riguroso, accesible y profundamente humano, la autora invita a reflexionar sobre los
límites del diagnóstico, los riesgos de la medicalización de la vida cotidiana y la necesidad de recuperar
una mirada más integral sobre la persona, sin renunciar al valor de la ciencia médica. La obra propone
un equilibrio entre el conocimiento clínico y la comprensión de la complejidad de la experiencia
humana.