Los autores plantean que el feminismo de cuarta generación ha dejado de ser una llamada a la libertad individual para convertirse en un activismo organizado que, según ellos, elimina la disidencia razonable. Argumentan que la normativa sexual es el “esqueleto de todas las culturas” y que intentar construir una sociedad sin sistema de género es una trampa. Critican el uso de términos como patriarcado o micromachismo, que consideran vacíos de contenido, y sostienen que el feminismo actual busca destruir pilares culturales y políticos en lugar de ofrecer alternativas. El libro mezcla referencias de psicología, antropología y sociología para reforzar su postura y se presenta como una intervención crítica en el debate sobre género y sexualidad.
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